La estrategia para trabajar menos.
"PRUEBALO, FUNCIONA EL 65% DE LAS VECES"
Cuando se trata de trabajar, me considero un holgazán. No lo digo con vergüenza, sino que incluso un poco todo lo contrario; procuro poner en práctica ese rumor empresarial de que los trabajadores flojos buscan eficientizar procesos en busca de trabajar menos: me he vuelto pragmático en todas las funciones en los variados oficios que he ejercido: en la edición, la redacción o el diseño, y el call center, con sus cualidades cuasi burocráticas, también cuenta con sus variopintas formas de agilizar procesos o de fingir que las cosas se hacen como te piden que se hagan o, directamente, no hacerlas.
En trabajos que exigen una interacción física con las cosas, existe lo que podemos llamar “la maña”, que no es más que usar las cualidades materiales de los objetos, como su peso o su configuración aerodinámica, etc., para que esa tarea (como cargar un bulto, soldar, cortarle el cabello a alguien o coserle una herida de bala a un desventurado) se vuelvan más rápidas de las que los libros de física, mecánica, peluquería o medicina nos dice de manera imperativa que deberían de hacerse, siempre arriesgando lo menos posible en el proceso y ganando tiempo para fumarse un cigarro antes de la hora de comida o mandar mensaje a los amigos sobre el partido de anoche.
Los trabajos en computadora suelen ser menos de eso, aunque también existen: desconectar algo, darle golpecitos al pc hasta que falle o cerrar un programa “accidentalmente” para tener una excusa que nos permita tener que esperar a que el sistema reinicie y, mientras tanto, aprovechar esos tiempos muertos para chismear con el de a lado, que, previamente acordado, también pasó por un infortunio similar al mismo tiempo. Lamentablemente la tecnología se ha vuelto más confiable y los tiempos de encendido y recuperación se han vuelto más inmediatos, limitando la capacidad de platicar a gusto sobre cualquier cosa o de tener una excusa para salir a respirar aire que no salga de una máquina cuyo filtro nadie ha visto ser limpiado en todo el tiempo que lleva trabajando ahí.
No debemos obviar, además, que todas esas pericias para alentar/suspender/crashear el sistema son consideradas ilegales y a veces hasta de mal gusto. Echar a perder el equipo nada más porque uno no tiene ganas de escuchar quejas de gringos un domingo en la mañana o un lunes en la tarde puede ser muy mal visto por la gerencia y ser atrapado infraganti suele tener como respuesta el regaño, la amonestación o, en el peor de los casos, un despido justificado, algo que (casi) nadie, no importando lo mucho que odie su trabajo, desea para si mismo si tiene deudas u obligaciones adultas inexorables.
Esto deja un margen muy reducido de acciones que no paran de jugar en un área un tanto difusa de la moralidad del buen oficinista. Sin embargo, queda un abanico de acciones que están totalmente variadas (o al menos nadie dice que deben evitarse) y que le permiten a uno, al menos, pensar que se está haciendo trampa: desde desconectar el mouse antes de tomar una llamada más, hasta rezar antes de empezar a trabajar; todas forman parte de una serie de actividades que remontan a los seres humanos a sus creencias más básicas: el pensamiento mágico.
Todas estas acciones no inciden físicamente o de manera comprobada en el flujo de las llamadas, el tipo de gringo enojado que te habla en ese momento o el tema de la llamada en sí, pero pese a ello, continuamos haciéndolo, porque nuestra experiencia empírica nos ha demostrado “mayoritariamente” o “bastante seguido” que funcionan. Se vuelven más que solo un ritual o un habito en el escritorio y más bien resulta un conocimiento que incluso debe compartirse entre todos en forma de rumores que se esparcen y terminan llegando hasta los coordinadores y gerentes. Eventualmente todo el mundo cree que de hecho es cierto que apagar el filtro de voz sirve para que caigan más llamadas en español que en inglés y que por lo tanto uno debe de hacerlo pese a que no siempre funciona, porque te lo han dicho personas más conocedoras del tema (gente que generalmente lleva de 3 mese a un año más que tu en ese trabajo).
Evidentemente los escépticos pedantes nos congratulamos en no creer en pendejadas como la lectura de los ángeles o en que si apagas y prendes la compu dos veces aumenta la probabilidad de que el sistema se caiga, pero terminamos en lugares menos entretenidos, menos juguetones y mucho más aburridos en general, esperando a que las llamadas simplemente dejen de llegar y que esto tenga una explicación totalmente lógica, como una bomba cayendo en las oficinas centrales de la empresa estadounidense o una camada entera de ratas que decidieron masticar los cables de fibra óptica; esperanzas que resultan totalmente vacías mientras uno, al voltear a la pantalla y ver el contador detenerse para mostrar la siguiente llamada, se desespera y se lamenta que la última llamada sea una viejecita que quiere arreglar su aspiradora (algo que nada tiene que ver con tu contrato) y gritando para sus adentros: “debí cambiar la configuración del teclado a español, chingada madre”
