Sí mi perro hablara, ojalá me pudiera contar lo que siente.
Con la última mudanza que hice, muchas cosas cambiaron. No pretendo enumerarlas, no es de interés para esto, pero a saber, de entre ellas, mi relación con mi perro, con Rocko.
Anteriormente, las salidas a pasear era algo un tanto innecesarias. Tenía un espacio para jugar, saltar y descansar; si bien no enorme, al menos sí más grande que el ahora reducido y aburrido espacio donde está la mayor parte del día: La sala y el comedor de la casa, a veces mi cuarto mientras estoy trabajando en algo.
Solíamos ir a correr juntos, pero entre el tiempo que estuve viviendo en la ciudad (tiempo en el que estuvo tiempo completo con mi mamá) y las esporádicas veces en las que visitaba a mis padres o amigos y que rara vez me dejaban energía para siquiera caminar, abandonamos (abandoné) la actividad poco a poco. Pero los años no pasan en vano, menos en animales que apenas viven una sexta parte de la que puede vivir un ser humano; mi perro con el que solía correr hasta donde sólo escuchábamos el viento y en el horizonte no distinguías un solo poste, hoy ya no aguanta el paso de un trote sin agotarse rápido.
Aun así, nos movemos juntos. Yo intento que el pueda acompañarme siempre que sea posible, pero los perros de la calle y de dueños desobligados que los hacen parecer callejeros imposibilitan que pueda ir siquiera por las tortillas sin el miedo a ser encapsulado por una jauría bien organizada de perros del mismo color pero distintos patrones y tamaños.
A pesar de ello, sale 3 veces al día (o eso se procura, a veces los tiempos son crueles). Las mañanas son mis favoritas, y creo que de Rocko igual; hay poca gente, el aire es fresco y, por sobre cualquier otra cualidad, real o poética, que se pueda decir sobre el inicio del día, el campo deportivo esta abierto y completamente libre.
Un perro solo es un perro completo si se le deja ser, o esa termina siendo mi conclusión cuando revoloteamos entre el pasto. Corre sin dirección, olfatea sin propósito, lame sin cuidado y observa con el asombro de un niño. Se acerca al mundo como algo nuevo y desconocido. No deja de buscarme entre el pasto, quiere saber que estoy ahí; si corro, corre, ya sea detrás mio o como jugando a las atrapadas; si camino a algún lugar, me acompaña con alegría, esperando poder encontrar conmigo un nuevo asombro para compartir, pero nada de eso lo detiene para sentirse libre de ser.
¿Que se siente ser perro? pienso. Sentir es la palabra. No termino de enternecerme en el mundo imaginario que sucede en mi cabeza, y tal vez sólo ahí, pero que teorizo que pasa en la mente de Rocko. Dicen que nadie ama como lo hace una mascota, como lo hace un perro, porque lo hace desinteresadamente y porque lo hace toda la vida; yo no diría que este perro es un perro interesado, pero estoy seguro que le es mejor y más práctico estar aquí a lado, esperando que un cacho de comida caiga de la mesa o que empiece a oscurecer para recibir un plato de croquetas. Ya sea por costumbre o por amor, el perro esta aquí y yo con él y no nos incomoda la presencia del otro o buscamos activamente algo del otro.
El amor, lo que entendemos en sus características más generales y popularmente conocidas como amor, tiene un caudal de adjetivos y acciones que nunca terminan de empatar con lo que uno cree que es el amor, porque el amor es muchas cosas, pero nunca una única. Esa creencia se va transformando porque crecemos y nos damos cuenta de cuando fuimos amados y no lo sabíamos o no lo notábamos porque deseábamos que el amor sucediera de otra forma, una menos "así". Vamos esculpiendo por partes esa idea de amor y la terminamos haciendo nuestra si el resultado es cómodo y nos gusta.
Siento que sigo sin poder describir que es el amor, porque he fallado en darlo y recibirlo, a mi y a los demás; he sido presbicio para verlo y desagradecido para valorarlo. Entre tropiezos parece que la necedad es la respuesta: paso firme y vista al frente; pero así no se llega más que a la pared. El amor está en todo y todas partes y, aun así, nada llega para quien no se abre a ser amado. Siento que amar y ser amado significa exactamente eso.
Sí, yo creo que mi perro me ama porque así lo siento, deseo que el pueda sentir que lo amo, aunque no por yo decirlo él lo tiene que sentir así. Creo que me dice que me ama cuando me busca con la mirada mientras explora o cuando, después de alejarse por el impulso de curiosidad, vuelve a a mi lado, como contando todo lo que vio y lo mucho que le gustó y creo que me ama porque busca mi mano para que lo acaricie y se tumba para que el mimo continúe por todo él, buscando confort en las caricias. Yo lo amo e intento hacerle saber que es así, porque no dejo de caminar detrás suyo cuando explora, ni de prestarle atención cuando vuelve y, por sobre todo, no dejo de apapacharlo hasta que el cierre sus ojos y Hace una exhalación profunda. Ahí, siento, es donde más podemos decir que nos correspondemos, porque sin decir nada, nos sentimos en paz y compartimos el silencio cálido del amor que existe en el espacio entre él y yo...